Tenía apenas 14 años cuando decidió que su lugar no estaba en casa, sino en el norte, defendiendo a Chile en la Guerra del Pacífico. Su nombre era Gabriel José Armas Riquelme de la Barrera, nacido en Talca el 18 de marzo de 1865, agricultor en su vida adulta y veterano de una de las campañas militares más decisivas del siglo XIX chileno.
Hijo de Juan Gabriel de Armas Cruz y Carmen Riquelme de la Barrera Urrutia, Gabriel llevaba en su sangre una historia ligada profundamente a la patria: por línea materna era sobrino nieto de Bernardo O’Higgins Riquelme, el Padre de la Patria. Sin embargo, su ingreso al Ejército no se debió a herencias simbólicas, sino a una decisión personal marcada por la audacia y el sacrificio.
El 5 de abril de 1880, Talca vivía una jornada cargada de emoción. El Batallón Cívico Movilizado Talca, compuesto en gran parte por jóvenes y estudiantes, partía en tren rumbo a Quillota y luego al norte, para integrarse a las campañas de la guerra. Gabriel acudió junto a su familia a despedir a los soldados. Sus padres ya le habían prohibido enrolarse debido a su corta edad. Pero cuando el tren comenzó a moverse, el adolescente tomó una decisión que marcaría su vida para siempre.
Corrió junto al convoy e intentó subir. Su madre, desesperada, lo sujetó de la chaqueta para impedirlo. Gabriel se la quitó, se soltó de sus manos y, con la ayuda de los soldados que ya iban a bordo, logró abordar el tren en marcha. Así, sin permiso y sin retorno, partió a la guerra.
Incorporado al Batallón Cívico Talca, Gabriel José Armas Riquelme participó en las campañas finales del conflicto. Su conducta en combate y disciplina lo hicieron destacar rápidamente entre sus compañeros.
Su momento más significativo llegó en la Batalla de Huamachuco (10 de julio de 1883), uno de los últimos grandes enfrentamientos de la guerra. Allí fue ascendido a subteniente y nombrado abanderado, un honor reservado a quienes demostraban valor excepcional, ya que portar el estandarte significaba convertirse en blanco del enemigo y símbolo moral de la unidad.
Finalizado el conflicto, regresó a Talca, lejos de los honores públicos. Se dedicó a la agricultura, formó una familia y llevó una vida austera, como muchos veteranos de la Guerra del Pacífico.
Sus restos fueron trasladados y reposan en el Mausoleo del Regimiento N.º 16 “Talca”, que se encuentra dentro del Cementerio Municipal de la ciudad.