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El servicio militar en Chile. Breve recorrido por su historia

Publicada: 18/05/2022

Este año, el servicio militar cumple 121 años desde que fuera creado oficialmente en 1901 con la promulgación de la Ley de reclutas y reemplazos para el Ejército y la Armada, integrando a la Fuerza Aérea a partir de 1931. No obstante, sus bases comienzan con el primer Bando Militar en 1811 con el propósito de “reclutar a los hombres libres y de estado secular de entre los 16 y 60 años”. Posteriormente, en la Constitución Política de la República de 1823, se expresa que “la fuerza del Estado se compone de todos los chilenos capaces de tomar las armas; mantiene la seguridad interior y la defensa exterior” y en la Constitución de 1833, se agrega que “deben hallarse inscriptos en los registros de las milicias, si no están especialmente exceptuados por la ley”. Fueron las milicias cívicas las que dieron paso a las guardias nacionales, esenciales en el reclutamiento de fines del siglo XIX, con motivo de las guerras contra la confederación Perú-Boliviana y, cuarenta años después, la guerra del Pacífico.

La actual Constitución Política de la República expresa, como parte de los derechos y deberes constitucionales, que “los chilenos tienen el deber fundamental de honrar a la patria, de defender su soberanía y de contribuir a preservar la seguridad nacional…”, “el servicio militar y demás cargas personales que imponga la ley son obligatorios…” y que “los chilenos en estado de cargar armas deberán hallarse inscritos en los Registros Militares, si no están legalmente exceptuados”. En este sentido, el servicio militar constituye un deber para con la patria, ampliando sus alcances para todo quien se encuentre en condiciones físicas de contribuir a la seguridad nacional.

Conjuntamente, el Libro de la Defensa Nacional señala que “el Estado de Chile debe fomentar el compromiso ciudadano con la defensa nacional, contemplando, entre otros objetivos, las previsiones necesarias para la prestación del servicio militar obligatorio, la satisfacción de las necesidades de la movilización nacional y aquellas derivadas del mantenimiento de las capacidades y aptitudes de las reservas”. Atendiendo, además, que estas deben contar con el “suficiente grado de flexibilidad y dinamismo” para ser empleadas “ante cualquier situación que el Estado les demande, ya sea dentro o fuera del territorio nacional” y no únicamente ante amenazas externas, también para “contribuir a la protección de la ciudadanía, el socorro de la población civil y la reconstrucción como consecuencia de un desastre”.

Las modalidades para su ejecución abarcan la conscripción ordinaria con una duración de hasta dos años, la prestación de servicios o los cursos especiales de instrucción militar para estudiantes que se imparte durante el verano para que, aquellos jóvenes con estudios de enseñanza media cumplida y que se encuentran próximos a iniciar procesos de educación superior, puedan integrar las filas del Ejército. Al poco andar, desde su creación en 1901, este deber cívico contó con miles de jóvenes llamados a cumplir con su deber patrio, quienes junto con recibir instrucción militar, superaron el analfabetismo gracias a los incentivos entregados en los cuarteles de las FFAA, dentro de los que se destacan los programas de nivelación de estudios, cursos de capacitación laboral SENCE o las posibilidades de ingreso a la planta del Ejército a través de las Escuelas Matrices o como soldados de tropa profesional. Este último, es un programa iniciado a comienzo del siglo XXI que constituyó un salto cualitativo y significó un cambio de paradigma al introducir un sistema mixto.

 

Además, desde hace décadas, la mujer se ha sumado decididamente al servicio militar, chilenas que, de forma voluntaria, cumplen con este deber cívico, donde optan a las mismas oportunidades que los hombres y optan a los mismos beneficios y en las mismas unidades a lo largo de Chile, constituyendo un 10% de la conscripción.

Con relación a las oportunidades que ofrece el servicio militar, destaca la posibilidad de ingresar a la carrera militar por la vía programa tropa profesional o las Escuelas matrices, el conocer regiones distantes del país, la entrega de valores y virtudes esenciales para su desenvolvimiento futuro. Como parte de su contribución, es posible desatacar su papel en la identidad nacional, validado por el aporte del servicio a Chile a lo largo de su historia.

No obstante, los cambios experimentados en materia de defensa y sociales, han impulsado el tránsito de la conscripción obligatoria por una preferentemente voluntaria o FFAA exclusivamente profesionales. Es así como a partir del año 2005, con la promulgación de la Ley 20045, el servicio militar se moderniza, fomentando la voluntariedad y manteniendo en subsidio el carácter obligatorio en caso de no cubrir con la cuota necesaria.

Durante la última década, específicamente a partir del terremoto que azotó a Chile el 27F de 2010, la participación de las FFAA en apoyo a la ciudadanía ha aumentado significativamente, desenvolviéndose en nuevas áreas de misión, como son las de seguridad e intereses territoriales o de emergencia nacional y protección civil. Participaciones que se han realizado frente a estados de excepción constitucional, como lo fue el de “catástrofe” decretado en 2020 por la pandemia del Covid-19 y que se extendió por aproximadamente un año y medio.

El soldado conscripto es un pilar fundamental para el cumplimiento de las misiones constitucionales que se les han confiado a la Institución. Es por ello que el Ejército reconoce y distingue el compromiso y aporte de cada uno de estos jóvenes, quienes, día a día, trabajan por el país en cada rincón de Chile donde hay presencia militar. Descuidar la contribución de nuestros jóvenes al cumplir con su servicio militar, es descuidar la responsabilidad que tenemos como sociedad en la defensa nacional.

Cada 18 de mayo el país, y en particular el Ejército, conmemora con solemnidad el “Día del Soldado Conscripto”, como una forma de reconocer la labor que realizan miles de jóvenes, hombres y mujeres, quienes cumplen con su Servicio Militar en las unidades desplegadas desde Putre, en el altiplano chileno, hasta Porvenir en la Isla Grande de Tierra del Fuego. Chile y su Ejército agradecen a todos los soldados conscriptos por la abnegación, entrega y compromiso con que cada día asumen su tarea de servir a Chile.

Los testimonios de muchos jóvenes que han realizado el servicio militar, reflejan gratitud por las oportunidades otorgadas por el programa de reinserción laboral, la formación valórica, los sentimiento de amor a la Patria y, por sobre todo, el honor de haber servido a Chile a través de su Ejército.

 

Jorge Villarroel R.

Oficial de Ejército

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