Este 25 de agosto se conmemora un nuevo aniversario del fallecimiento de Irene del Carmen Morales, figura destacada de la Guerra del Pacífico y una de las mujeres más recordadas por su entrega al Ejército de Chile. Su muerte ocurrió en 1890, en el Hospital San Borja, víctima de una neumonía, pero su legado permanece vivo.
Nacida en el barrio de La Chimba, en Santiago, enfrentó la adversidad desde temprana edad. Tras enviudar en Valparaíso, se unió en 1878 a Santiago Pizarro, quien fue fusilado en Antofagasta, hecho que marcó profundamente su vida. Con 29 años tomó una decisión inusual para la época: se cortó el cabello, y se presentó como hombre en el Regimiento 3º de Línea, pero fue descubierta, siendo aceptada como cantinera por autorización del General Manuel Baquedano. Su rol combinó el abastecimiento de las tropas y el combate directo, cuando se requería.
Estuvo presente en batallas como Pisagua, Dolores/San Francisco, Tacna y el asalto al Morro de Arica, para luego participar también en Chorrillos y Miraflores. Sus contemporáneos la recordaban asistiendo a los heridos bajo fuego enemigo y alentando a los soldados en las batallas. En 1887 fue invitada al homenaje al “Roto Chileno”, un gesto que reflejó la admiración del pueblo hacia su valentía.
Antonio Urquieta, en su obra Recuerdos de la vida de campaña de la Guerra del Pacífico (1907), resalta la valentía de Irene Morales al relatar cómo, durante la batalla, animaba a los soldados con la arenga: “¡Adelante hijitos, valor y que Dios los ayude!”.
Más de un siglo después, la memoria de Irene Morales vuelve a cobrar vigencia cada 25 de agosto.