Desde Putre hasta Tierra del Fuego, quienes cumplen con el segundo año del Servicio Militar Obligatorio (SMO) se enfrentan a una etapa importante en su formación: la Segunda Ocupación Militar Especializada (OME). Este proceso marca el tránsito desde una preparación básica a un entrenamiento con perfil técnico-operacional, alineado con los desafíos del entorno militar donde operan.
Durante cuatro semanas, los Soldados Conscriptos (SLCs) potencian las competencias adquiridas en primer año y se capacitan en funciones específicas según las unidades donde están encuadrados. La instrucción adicional contempla más de un centenar de especialidades, entre ellas artilleros, ayudantes de conductor, operadores de radio, fusileros, ametralladores, sirvientes de mortero y municioneros, entre muchas otras. Gracias a esta diversidad amplían sus capacidades y optimizan su eficiencia táctica.
El Teniente Coronel Fernando Palavecino V., Jefe de la Sección VII/b “Instrucción y Entrenamiento” del Comando de Operaciones Terrestres (COT), explica la trascendencia de la Segunda OME: “En el segundo año de conscripción, los jóvenes reciben esta especialización, que les da la posibilidad de explorar distintos ámbitos de desempeño, consolidando destrezas técnicas y ampliando sus capacidades militares”.
Agrega que la Segunda OME va mucho más allá que una capacitación puntual: es una instancia que proyecta a los SLCs como militares preparados y comprometidos con el servicio a la patria.
El Cabo 1° Cristián Alé Q., instructor del Batallón de Infantería del Regimiento N.º 9 “Chillán”, destaca el impacto positivo de esta fase: “En nuestro caso, se prioriza el dominio de armamento, la ejecución de maniobras en conjunto y la operación de sistemas de apoyo. A la vez, que se refuerza el respeto, la responsabilidad y el sentido del deber, promoviendo una formación integral en lo físico, lo técnico y lo valórico”.
Una vez finalizado este período formativo, los SLCs deben rendir una evaluación que certifica su dominio en la especialidad adquirida. Este proceso no solo valida su progreso, sino que también evidencia su esfuerzo y perseverancia, en esta nueva capacitación.
Posteriormente, el entrenamiento continúa con una secuencia progresiva que abarca su desempeño en los siguientes niveles: Sección, Compañía, Batallón y Brigada. Cada etapa incrementa la complejidad del entrenamiento y pueden aplicar lo aprendido anteriormente, fortaleciendo así la preparación colectiva de la unidad.
El Cabo 2° Conscripto Víctor Molina A., también perteneciente Batallón de Infantería del Regimiento N.º 9 “Chillán” resume el valor de este proceso:
“Este desafío es parte esencial del camino que debemos seguir, porque forja el carácter, promueve la superación personal y entrega herramientas que trascienden lo militar, sirviendo también en la vida civil”.