En condiciones que pusieron a prueba no solo la resistencia física, sino también el criterio táctico y la capacidad de liderazgo, los alumnos de los Cursos Básicos de Oficiales y Suboficiales del arma de Infantería culminaron un exigente ejercicio en terreno en el Centro de Instrucción y Entrenamiento “Pichicuy”.
Durante diez días de instrucción intensiva, los alféreces y cabos participaron en un ejercicio de “Sección y Escuadra de fusileros en las acciones tácticas”, instancia clave para integrar conocimientos teóricos con la realidad del combate, propia de un arma que constituye el núcleo principal de la fuerza terrestre.
Uno de los aspectos más relevantes del entrenamiento fue la fase de planificación, desarrollada en un puesto de mando emplazado en terreno boscoso. Este proceso fue fundamental para coordinar las acciones, definir roles y preparar la ejecución de la misión, reforzando la importancia de la planificación como base del éxito operacional.
El ejercicio contempló una doble acción, diurna y nocturna, en la que dos fuerzas se enfrentaron en escenarios de ataque y defensa. La misión principal consistió en ejecutar un asalto a una posición, donde los alumnos —alféreces y cabos— debieron aplicar técnicas de combate, planificación y conducción de operaciones militares, demostrando la capacidad de la infantería para conquistar, ocupar, organizar y mantener el terreno.
La marcha se inició durante la noche, en un entorno marcado por la oscuridad, el frío y la humedad. En este contexto, la orientación con escasa luminosidad y el mantenimiento del sigilo fueron determinantes para alcanzar el punto de asalto final, donde ambas fuerzas pusieron a prueba los conocimientos adquiridos en el aula, evidenciando su aptitud para el combate cercano en contacto directo con el adversario.
Al respecto, Capitán Felipe Nogueira A., Jefe del Curso Básico Oficiales de arma de Infantería, destacó la actividad, debido a que “este ejercicio para ellos es, poder trabajar integrados, considerando que alféreces y cabos, en un par de meses más van a ingresar a la Fuerza Terrestre y van a trabajar juntos toda su carrera. Y también, es poder llevar el estándar de la infantería a los combates modernos, que cobran relevancia considerando los conflictos armados que hay hoy en día”.
Por su parte, el Alférez Wilhelm Müller A., manifestó que “el principal aprendizaje, más allá de la experiencia que a uno le entrega, es que le permite junto al conocimiento teórico ir desarrollando el criterio táctico, tomar mejores decisiones en el escenario de situación de combate. Esto va enfocado al roce que se genera entre los distintos cursos, puesto que se empieza a poner en práctica los distintos roles de comandante, por parte de los alféreces, de comandante de sección y de los cabos, como comandante de escuadra”.
A su vez, la Cabo Fernanda Onel M., señaló que “estos diez días han sido muy valiosos para aplicar todo lo aprendido, permitiéndonos organizarnos mejor como equipo y evaluar tanto nuestras fortalezas como las dificultades que enfrentamos en una situación de combate”.
De esta manera, la infantería reafirma su condición de fuerza versátil y esencial, capaz de maniobrar en cualquier tipo de terreno y circunstancia, gracias a una combinación equilibrada de movilidad y capacidad de choque. Su preparación le permite operar tanto de manera integrada con otras armas como de forma independiente, enfrentando con eficacia una amplia gama de misiones. Este ejercicio en terreno marca así el inicio de un proceso formativo orientado a desarrollar soldados capaces de adaptarse a distintos escenarios y cumplir con éxito las exigencias de la carrera militar.